A 78 años de la Partición: el día en que nació la posibilidad de un Estado judío y uno árabe

01/Dic/2025

Por Adrián Epstein, de CCIU

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181, conocida como el Plan de Partición de Palestina, que proponía dividir el territorio bajo Mandato Británico en dos Estados independientes, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. Setenta y ocho años después, continúa siendo un punto de referencia ineludible para entender el conflicto israelí-palestino y la arquitectura política de Medio Oriente. Un papel fundamental le cupo en la aprobación del Plan al Embajador uruguayo Enrique Rodríguez Fabregat.

La resolución fue aprobada con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. Las comunidades judías celebraron el resultado como la concreción diplomática de un anhelo largamente postergado: la restauración de un hogar nacional tras siglos de dispersión y, especialmente, a raíz de la catástrofe de la Shoá.

El liderazgo árabe palestino y los países árabes de la región rechazaron el plan de inmediato, argumentando que era injusto ceder territorio a un Estado judío recién constituido y alimentado por inmigración reciente. Lo que siguió fue la guerra de 1948, que redefinió el mapa regional y marcó las bases del conflicto contemporáneo.

La participación decisiva del embajador Enrique Rodríguez Fabregat

En el proceso que desembocó en la Partición, la diplomacia uruguaya tuvo un papel inesperadamente influyente. El embajador Enrique Rodríguez Fabregat, representante de Uruguay ante la ONU, se convirtió en una de las voces más firmes en apoyo al plan, defendiendo con claridad y convicción el derecho del pueblo judío a constituir su propio Estado.

Fabregat integró el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP), donde fue uno de los impulsores de la recomendación de partición. Sus intervenciones combinaron sólidos argumentos jurídicos, sensibilidad humanitaria frente al drama judío posterior a la Shoá y una visión política que entendía la necesidad de una solución práctica y viable en un contexto explosivo.

Su postura no solo consolidó la posición de Uruguay entre los países que apoyaron la iniciativa, sino que también influyó en otros delegados, que vieron en él a un articulador capaz de tender puentes y de sostener una línea argumental persuasiva. Por esa razón, su participación es recordada como decisiva dentro del proceso que llevó al histórico voto del 29 de noviembre.

Los límites de un acuerdo que nunca llegó

El plan otorgaba al futuro Estado judío un territorio mayor que el del proyectado Estado árabe; sin embargo, gran parte de esas zonas eran desérticas o poco pobladas. Jerusalén, por su carácter histórico y religioso, quedaba fuera del reparto directo.

La negativa árabe impidió que la partición se materializara como fue concebida: solo el Estado judío proclamó su independencia en mayo de 1948; el Estado árabe previsto nunca se estableció.

A casi ocho décadas, la Partición sigue siendo un documento de referencia y un símbolo. Para muchos, representó la primera propuesta internacional concreta de dos Estados para dos pueblos, un principio que, pese a múltiples negociaciones en Oslo, Camp David o Annapolis, aún no logró hacerse realidad.